16 de agosto de 2015

Jetzel - La Dama Blanca

Bergen, Noruega, 1073

       La noche caía de nuevo, y la luna empezaba a asomar por entre los barrotes de la ventana que había en el techo, su única y  minúscula visión del mundo exterior. Otro día que moría, otra silenciosa oscuridad que invadía su celda. Y de nuevo era luna llena. La número veintidós.

   Sus pies descalzos y magullados se posaban sobre un charco de agua, fruto de la lluvia del día anterior y de la humedad de la torre. Sus vestiduras, un día blancas, estaban ahora rasgadas y sucias por el paso del tiempo. Sus manos, desesperadas, ensangrentadas, llenas de heridas provocadas en un vano intento de trepar hasta esa ventana día tras día durante demasiado tiempo. El pelo enmarañado cubría sus hombros y se enredaba en su espalda, conservando aún irónicamente ese brillo azabache que un día hizo que se enamoraran de ella. Sus ojos, subrayados de agua y sal, hinchados y sin esperanza, pero tan profundos como el fiordo que se extendía al pie de la torre.

   Ya no le quedan fuerzas. Se sienta en el suelo, abrazada a sus rodillas, mirando la luna, llorando amarga y desconsoladamente, desistiendo cualquier intento de gritar. A su izquierda en la pared de piedra, las marcas de unas cuentas sin sentido, signos de los días y las lunas que llevaba esperando su regreso. Veintidós líneas escarbadas con sus propias uñas.


   Entonces los recuerdos pasaron de nuevo por su mente, cortándole las fuerzas con cuchillo de plata. Hubo un tiempo en que fue feliz, en que pudo tenerlo todo. Hubo un tiempo en que ella le creía. Creía que él la amaba, la deseaba, creía que estaría a su lado. Tan sólo tenía que ser paciente. Jetzel era de todo menos paciente.

   Markus era un chico de su aldea, un guerrero vikingo con espíritu aventurero con ganas de ver los tesoros de otros mundos. Markus era, además, el hombre de sus sueños. Tras una infancia difícil, ella le conoció en absurdas circunstancias hasta que un día, bajo la luna, se prometieron amor eterno. Un amor sesgado antes de dar fruto. Un amor que les apartaría hasta que él regresara de la expedición que estaban planeando los habitantes de Bergen. El día llegó y él partió hacia tierras hostiles con la promesa de riquezas, tesoros, y una gloria eterna en el Valhalla. En el muelle antes de partir, Markus le dijo:

-          No temas, espera aquí en el castillo, regresaremos en veintidós lunas. Y con el botín que obtengamos podremos vivir tranquilos y juntos el resto de nuestras vidas. Tú eres la única expedición que quiero hacer cuando vuelva por el resto de mi vida. No temas, en el castillo te cuidarán bien, saben quién eres, y saben quién soy – dijo él mientras acariciaba suavemente su mejilla izquierda.

   Y así ella se quedó en la orilla, viendo como los barcos partían dejando la población desprotegida, llena de esposas tristes e hijos huérfanos. Dejándola a ella con el corazón hecho pedazos, pedazos muy pequeños.

   Esa noche durmió en el castillo bajo el abrigo del fuego y la leña, serena, triste pero esperanzada… las noches pasaron con sus sucesivos días y ni rastro de mensajero que dijera que todo iba según lo planeado. Las gentes del pueblo y del castillo empezaron a preocuparse y a susurrar qué harían con la joven si no regresaban a tiempo.
   Pasaron los inviernos, las primaveras, y cada vez se iban olvidando más de ella. Ya no le ofrecían un plato de comida caliente, ya no le avivaban el fuego ni le daban mantas… hasta que un día le dijeron que otra persona iba a ocupar sus aposentos, y que si quería seguir en el castillo, tendría que trasladarse a la torre más alta y fría de todas: la Torre de la Rosa.

   Ella, por no molestar, así hizo. Y allí en la torre se quedó. Y los inviernos volvieron a pasar. Una mañana descubrió que la puerta tenía la llave echada, que alguien se la había llevado, que no podía salir. Estaba prisionera no sólo en alma sino también en cuerpo.


   De pronto Jetzel volvió al momento presente, allí sentada en medio de la torre con la luna llena bañando cada poro de su piel. Había esperado demasiado. Ya no tenía sentido seguir sufriendo. Ya no tenía sentido seguir albergando esperanza alguna. Ahora tan sólo quería terminar con todo aquello y ser libre. Y nadar.

   Se arremangó las vestiduras, se ató el pelo, y comenzó a trepar con uñas, dientes y las pocas fuerzas que le quedaban hasta tocar los barrotes de la ventana de la torre. Eran ásperos y fríos, pero con el suficiente espacio como para deslizarse entre ellos y escapar de esa tortura. Y así hizo. Y escapó. Pero ahora la pregunta era: ¿a dónde voy?

   Una vez fuera, allí en lo alto del castillo, divisó todo el fiordo, sereno y majestuoso a sus pies. El mismo que se llevó a su amado, el mismo que se llevó su vida.

-          Ya nada importa. Ya nada tiene sentido. Sin él no sé vivir, no puedo seguir adelante yo sola. No quiero ni tengo fuerzas. Las agujas de mi pena se han clavado tan hondo dentro de mí que no puedo avanzar sin él. Markus no ha venido a salvarme, por tanto no merezco ser salvada. Y ahora solo quiero nadar y ser libre. Y dejar todo esto atrás – se susurró a sí misma entre llantos.

   Y fue entonces cuando se subió a una de las almenas de la torre, levantó la vista al cielo para contemplar la luna por última vez, cerró los ojos, abrió los brazos, y se dejó caer… un vacío eterno la esperaba bajo sus pies, un fiordo sin final sería ahora su lecho eterno, una cama de olas serían por tanto las que le darían su último abrazo hasta perderse en el abismo.


   Sola y fría fue aquella noche en que la luna brillaba, y oscuro destino el de nuestra Jetzel.


13 de febrero de 2015

The nameless feeling

   He was the man of her life. He was so for over a decade. And yet, thousands of miles separated them. That was the official excuse.

Since she knew him, she felt something special, different, pure and sincere. That nameless feeling had become part of her daily life, sometimes walking next to her as a guide dog, sometimes pointing a gun to her head as a simple but ruthless thief. She had learned to live with it, sometimes on the surface, sometimes in the depths of her soul ... but there it was day after day, without ever disappear.

They tried to be together, but fate always kept an Ace up its sleeve, an Ace of clubs, black and rough, hitting her with increasing force.
Occasionally they met again, picking one the pieces of the other, comforting themselves, licking their wounds.
But there was always a return ticket that ended their brief life together.

Then she returned home, her routine, just to face again the nameless feeling, to relearn how to live with it. To mourn in the shower for hours.

Time passed by and decreased that emptiness; the feeling was sinking every night a little more. No it could never disappear, but almost fell into oblivion. And she went on.


Suddenly one morning she wakes up missing him too much. Looks up the phone and discovers a message from him. They say nonsense, but in the blanks they call each other loudly. Absence is too large, too painful, it burns, and they agree to meet again.

She wants to think that this time will be different, which may follow a new path together. But that will not happen. He will come, yes, but with another return ticket. They will live happily few days and then everything will fade, to wake up in the solitude of her room once again.

That nameless feeling is so large that it can not be written in words, even dipping her pen into an inkwell blood. She has never felt or will feel the same for someone else. She sleeps every night hugging her resignation.

"It's better to love and have lost than never have loved" they say, but what kind of life awaits to anyone who knows the man of your life is not going to stay? How can you live with that absurd and impossible fate?


Looking out the window and watching the rain obscuring the crystals with the comfort of a few days together, pretending that everything is fine, that they are happy, and that this ride will last forever.


And waking up in an empty bed.



El sentimiento sin nombre

   Él era el hombre de su vida. Llevaba siéndolo más de una década. Y aún así, miles de kilómetros les separaban. Esa era la excusa oficial.

Desde que le conoció sintió algo especial, distinto, puro y sincero. Ese sentimiento sin nombre se había integrado en su vida diaria, a veces acompañándola como un perro lazarillo, a veces apuntándola con una pistola en la cabeza como un simple pero despiadado ladrón. Había aprendido a convivir con él, a veces a flor de piel, a veces en lo más recóndito de su alma… pero ahí seguía día tras día, sin llegar a desaparecer nunca.

Intentaron estar juntos, pero el destino siempre guardaba otro As en la manga, un As de bastos, negro y áspero, que le golpeaba cada vez con más fuerza.
De vez en cuando se reencontraban, recogiendo uno los pedazos del otro, consolándose, lamiéndose las heridas.
Pero siempre había un billete de vuelta que ponía fin a su efímera vida juntos.

Ella entonces volvía a su casa, a su rutina, para encarar de nuevo al sentimiento sin nombre, para aprender de nuevo a convivir con él. Para llorar durante horas bajo la ducha.

Con el paso de los días la sensación de vacío disminuía, el sentimiento se iba hundiendo cada noche un poco más. No llegaba a desaparecer nunca, pero casi caía en el olvido. Y ella seguía adelante.


De pronto una mañana ella se despierta echándole demasiado de menos. Mira el teléfono y tiene un mensaje de él. Se dicen tonterías, pero en los espacios en blanco se llaman a gritos. La ausencia es demasiado grande, duele, quema, y acuerdan verse de nuevo.

Ella quiere pensar que esta vez será distinto, que podrán seguir un nuevo camino, juntos. Pero eso no va a pasar. Él vendrá, sí, pero con otro billete de vuelta. Vivirán felices unos días y luego todo se desvanecerá, para despertar en la soledad de su habitación otra vez más.

Ese sentimiento sin nombre es tan grande que no se puede escribir con palabras, ni siquiera mojando la pluma en un tintero de sangre. Nunca ha sentido ni sentirá lo mismo por otra persona. Ella duerme cada noche abrazada a su resignación.

“Es mejor amar y perder que nunca haber amado” dicen, pero ¿qué tipo de vida le espera a alguien que sabe que el hombre de su vida viene para no quedarse? ¿Cómo se puede vivir con ese absurdo e imposible destino fatal?


Mirando por la ventana y viendo como la lluvia empaña los cristales, con el consuelo de unos días juntos, fingiendo que todo está bien, que son felices, y que ese paseo va a durar para siempre.


Y despertando en una cama vacía.




14 de septiembre de 2014

Alma Errante

Mi Alma Errante vaga a la deriva
buscándote, esperándote, anhelándote,
intentando aferrarme al deseo
de volver a encontrarnos al amanecer.

Somos viejos conocidos de otro mundo,
otra tierra, otro tiempo, otra historia,
compartimos muchas vidas juntos,
días de gloria entre batallas nocturnas.

Mi Alma Errante ahora te busca
para rememorar esos días pasados,
aquellos días donde no había fantasías,
tan sólo tú y yo, complementándonos.

Es por ello que estoy intranquila,
que me desvelo en mitad de la noche,
confundiendo al búho con la alondra,
confundiendo tu risa con la luna.

Mi Alma Errante conserva la esperanza
de pasear de nuevo junto a ti bajo la niebla,
de coger tu mano de terciopelo
para volar juntos hacia el horizonte.

Mientras tanto esta Valquiria te aguardará Dormida
esperando que vuelvas, mi guerrero soñador,
agonizando por no poder reflejarme en tus ojos,
estando a oscuras por faltarme tu luz.




23 de febrero de 2014

Llorar y Volar

     Poco a poco comenzó a batir sus alas y a levantar el vuelo. Era libre. Y lloraba. Y volaba.

Ya no pertenecía más a ese mundo oscuro y tenebroso que la había atrapado durante todos estos años, ahora solo quería danzar bajo el sol. En Libertad.

Todo un futuro y una vida humana, mortal y perecedera se presentaba ante sí para que pudiese volver a ser quién una vez fue: un ser completo y caduco, que disfruta de cada momento porque sabe que puede ser el último. Un ser completo, de luz, que puede llorar, sangrar, morir…
Por fin había encontrado el objetivo de su lucha, por fin habían llegado los frutos de tanto y tanto sacrificio. 

Y sus alas además estaban intactas, como si fueran nuevas. Un pequeño toque de distinción sobre el resto de los mortales, como recuerdo de todo el dolor por el que pasó y como recompensa por la labor bien realizada. Podríamos decir que aquellas alas eran un guiño de los Dioses.




[Continuará…]

14 de octubre de 2013

Esto no es un Diario

Es bien sabido por los Dioses cuánto detesto hablar sobre situaciones mundanas. Mi mundo nace a partir de seres malditos, siniestros, pesarosos, atormentados y bellos, solitarios pero sin embargo amables, antiguos, añejos… pero nunca deambulé sobre los raíles de lo común, lo cotidiano ni lo alcanzable a la simpleza de la mente humana.

Sin embargo, un eco atronador diluye mis pensamientos estos días:

- “¿Por qué no escribes un blog sobre tu vida en Londres? ¡Eres escritora! ¿No tienes un blog para contar tus pesares, añoranzas y anhelos en esta nebulosa y oscura ciudad?”

En efecto y como habrán adivinado, NO, no tengo mi diario de abordo con la cubierta bajo el apelativo “Otra española más en Londres”. ¿Por qué? Os preguntaréis aquellos que no me conozcáis… ¿Por qué? De acuerdo. Sucumbamos ante los motivos para dejar zanjado este tema, para cerrar esta maldita puerta y poder abrir miles de ventanas hacia el maravilloso inframundo por el que acostumbra a pulular todo mi ser.

Comencemos.

El primero de los dos motivos principales es, cómo no, estilístico. Odio, detesto, aborrezco escribir en primera persona. Es tedioso, egocéntrico y suena, como decía antes, a “diario de a bordo”, a cartas de navegación insípidas como si ante un absurdo monstruo marino estuviéramos, sin ser esto para nada cierto. Esas recurrentes (pero vacías de estilo) cartas que vemos a diario en periódicos, telediarios y noticias, redes sociales o simplemente contadas por alguien cercano; aquellas cartas que nos cuentan el hastío español ante la situación política, o cuánto echamos de menos a nuestros familiares, cuánto amamos a nuestra patria… o el frío y la incomunicación que sentimos en estas tierras extrañas bañadas por una niebla espesa que te carcome los tuétanos del alma… Son cartas que buscan la lágrima fácil y que apelan al sentimiento de “mi tierra es la mejor” acuñado el siglo pasado por un señor pequeñito y malvado llamado Francisco. Pero éstas cartas olvidan algo fundamental bajo mi punto de vista: el estilo. Damas, Caballeros, no todos podéis escribir… ni siquiera sé si yo puedo (lo intento) pero cuesta sangre, sudor y lágrimas enfrentarte al folio en blanco con algo verdaderamente bueno que decir sin caer en la desidia o el populismo más indignante. Volvamos por favor a hacer las cosas bien… no todo está en el contenido sino también en el continente. Dejemos que los hados expandan su magia y creen cosas hermosas, no sólo lacrimógenas. ¿Veis por qué detesto la primera persona? Me siento desnuda ante esta maraña de reprimendas, y por supuesto lo último que pretendo (y es lo que da ésta resbaladiza primera persona) es adoctrinar ni aleccionar a nadie. Ya somos todos mayorcitos y yo tan sólo os narro mis motivos, tan subjetivos y personales como los de cualquier otro ser humano sobre la faz de la tierra.

Pues bien, haciendo uso de esta bendita primera persona desde la que os hablo, os diré que ésta tragedia que plasman las cartas cada día no se parece, ni se asoma, a las vidas de cientos y cientos de “españolitos” en Londres. Y aquí viene el segundo motivo, el definitivo por el cual no pienso escribir este tipo de “papel mojado”: Yo estoy aquí porque quiero. Nadie me ha echado de mi país natal ni me he visto obligada por “las circunstancias” a marcharme. Parémonos a pensar (ya sé que no es costumbre, hagamos un esfuerzo), ¿elegimos donde nacemos? Es evidente que no, simplemente el universo da un par de toques y… ¡voilà, una nueva criatura en el mundo! Ya sea en Madrid, en Barcelona, en Asturias o en Andalucía, simplemente “nos toca”. Llámalo destino, casualidad, broma o suerte, pero es así. Por tanto, ¿no es un poco absurdo sentirte atado a un sitio por el simple hecho de haber caído en él? Es lógico y evidente que tomemos cariño a nuestro lugar de origen, dado que es donde nacen también nuestros recuerdos y donde permanecen nuestros seres queridos, pero más allá de eso, ¿para qué? ¿Por qué una persona nacida en Kuala Lumpur no puede sentirse atraída por Rusia? ¿Por qué un neozelandés no puede amar Holanda más que a su vida? ¿Por qué una jerezana no puede soñar con formar parte del Reino Unido?

En efecto, esto no va de ausencias, ni de un rosario con dientes de marfil… esto va de sueños, de ideales, de gustos y sobretodo de deseos. Conozco a muchas personas, españolas o no, encantadas de estar viviendo en Londres. Unas tienen buenos trabajos, otras acaban de empezar y ponen cafés (benditos cafés) mientras cargan con dos carreras a sus espaldas. Unas comparten piso, otras tienen una modesta casita o una casa increíble. Unas salen por Camden, otras por Soho, otras ni salen… pero todas y cada una de estas personas tienen algo en común más fuerte que una patria o que una bandera: todas ellas comparten su amor por Londres y su felicidad por haber cumplido su sueño de venir e intentar abrirse paso en esta mágica y babilónica urbe.

No venimos a sobrevivir, venimos a VIVIR.

Y es en este último grupo donde me ubico, en el de las personas encantadas, que bailan bajo el hechizo de la lúgubre Londres, que lloran de emoción al pasear con la lluvia entre sus callejuelas victorianas de ladrillo marrón, que caminan a la orilla del río y alzan la vista ante la imponente arquitectura que supura por cada poro de esta madre de todas las ciudades. Estamos aquí como resultado de un esfuerzo, de un sentimiento de superación, de un anhelo de algo distinto… hemos seguido nuestros propios pasos, hemos seguido los dictados de nuestra alma. Y aquí estamos. Felices. Formando parte de nuestro sueño, viviéndolo y sintiéndolo cada segundo con más fuerza que el anterior.

Por tanto, no voy a escribir un blog, ni un “diario de” sobre mis andaduras en Londres. Voy a salir a la calle y a Vivir esta experiencia con mis cinco sentidos. Voy a inspirarme, voy a liberar mi imaginación y voy a construir decenas de historias que algún día podré contarle a mis nietos. Algún día miraré sus chispeantes ojos y les diré: “Queridos, soy una mujer que ha cumplido sus sueños, y que ha disfrutado en el proceso”.

Y pobre de aquellos que vengan aquí queriendo estar allí. Porque eso significa que están renunciando a sus sueños, y ni una crisis, ni siquiera un país entero, es suficiente para cortar las alas y mitigar los deseos de nadie. Desde aquí os digo, españoles en Londres, en España o en Tombuctú: Seguid vuestros sueños. Las circunstancias pueden ser duras, pero no podéis rendiros, estéis donde estéis. No renunciéis nunca a soñar. Id en busca de aquello que os apasione y pelear por ello hasta que lo logréis, pues de otro modo vuestra vida no habrá tenido sentido.

Dicho esto, me retiro de esta breve primera persona para volver a mi mundo y contar las maravillas que habitan en él. En tercera persona.



Una española en Notting Hill.

25 de agosto de 2013

From Hell to London

When the knell rung for the dying
Soundeth for me
And my corse coldly is lying
Neath the green tree

When the turf strangers are heaping
Covers my breast
Come not to gaze on me weeping
I am at rest

All my life coldly and sadly
The days have gone by
I who dreamed wildly and madly
Am happy to die

Long since my heart has been breaking
Its pain is past
A time has been set to its aching
Peace come at last.

                                      E.G.W. & N.


8 de junio de 2013

La Maldición

Se cruzan, de nuevo, en aquel camino cubierto de hojas cobrizas.

Caminan con sus respectivas parejas, pero no pueden sortear aquel instante. Es lo que llena sus vidas.

Durante unos segundos se miran, bebiendo el uno del otro, amándose en un suspiro.

Sin palabras, sin gestos. Sólo una mirada.


Pero ambos continúan hacia adelante.




Y he aquí que en cierto día el destino les condena al sueño eterno en dos tumbas contiguas cubiertas de hojas cobrizas.

He aquí que sus hijos lloran a los pies de las mismas y se miran durante unos segundos.

He aquí que continúa la maldición.



29 de octubre de 2012

Ojos de Cielo

Aún puedo ver ese cachito de cielo que era el azul de tus ojos,
aún puedo sentir tu tacto de terciopelo entre mis dedos,
aún puedo escuchar tu ronroneo,
aún puedo olerte con ese aroma tan bonito a lavanda fresca que tenías...

Y es que echo tanto de menos tus ojos de cielo que me duele respirar.

Pero aunque te busco, ya no estás
Siento como si tus patitas fuesen a subir a mi cama, pero me quedo esperando
Tengo la sensación de que estás durmiendo a mi lado, ronroneando, pero estoy sola.

Y es que echo tanto de menos tus ojos de cielo que me duele respirar.

Pero no puedo hundirme en esta amargura, en esta soledad
No puedo esperar que aparezcas otra vez,
que me mordisquees la mano,
que me esperes para ir a dormir,
que me recibas cuando vuelvo a casa...

Y es que echo tanto de menos tus ojos de cielo que me duele respirar.

Porque no te lo mereces, ni yo tampoco
Nos merecemos descansar, y quedarnos en paz a pesar del dolor.

Con lo felices que eramos juntas,
con lo feliz que me has hecho durante esta mitad de mi vida,
con lo feliz que me hacías con tan sólo mirarme,
con tan sólo verme reflejada en ese cachito de cielo que era el azul de tus ojos.

Y es que echo tanto de menos tus ojos de cielo que me duele respirar.

¿Pero sabes una cosa?
Ahora estoy tranquila porque sé que aún sigues a mi lado
Que me vigilas
Que me acompañas
Que me velas
Y que siempre lo harás. Y que además de todo, ahora descansas.

Siempre estaremos juntas porque nunca te olvidaré, mi Gatita.


Dita (11 nov 1998 – 26 oct 2012)

4 de octubre de 2012

Y los sueños, sueños son...

   Noche tras noche, Maya hacía el mismo ritual. Un vaso de agua sobre la mesilla de noche, una tímida luz de velas parpadeando en la profundidad de la habitación y una confortable cama que la esperaba como si fuese el carruaje de la Cenicienta. ¿El rumbo? Sus sueños.

Daba un trago al agua del vaso, se colocaba el antifaz y se tumbaba en la cama, tapándose con las mantas hasta la altura de las orejas para caer en ese perfecto letargo que había deseado durante todo el día.
Poco a poco su mente racional se iba apagando e iba dejando paso a toda serie de imágenes surrealistas, coloridas e incluso a veces bellas. Maya abandonaba cada noche su cuerpo físico para ir a su lugar de descanso, a su retiro, al sitio del cual no querría regresar nunca ni despertar: El mundo de los Sueños.


Su vida real no tenía ya ningún sentido. Ni ambiciones, ni objetivos ni nada a lo cual aferrarse. Ninguna esperanza habitaba ya en su interior. Estaba vacía, sin sentido y sin ser ni sentirse útil desde hacía mucho tiempo. La rutina del día a día la estaba matando lentamente como a una rosa la mata la nieve del crudo invierno.
Encerrada en una vida sin proyectos, sin afectos y sin risas, Maya necesitaba escapar. No tenía futuro ni presente, sólo le quedaban un puñado de recuerdos a los que ya no quería aferrarse más.

La realidad la había condenado a la rutina perpetua... hasta que cerraba los ojos. Cuando dormía, todas esas preocupaciones se iban y dejaban paso a ese otro mundo, a la realidad deseada y creada por ella, al  lugar donde se sentía feliz; al hogar de su alma. 
Este campo de sombras era perfecto puesto que lo había creado ella y sólo ella. En él su vida cobraba sentido, en él hacía lo que quería, en él se sentía cómoda, en él era bella, y feliz.

Cuando comenzó su vida en lo onírico estaba sola, danzando a su libre albedrío, siendo y sintiendo la perfección por cada poro de su piel. Poco a poco fue cambiando pequeños detalles al principio, para continuar haciendo grandes obras. Comenzó cambiando sus clichés, formándose una auto imagen residual idónea en la cual no había lugar para imperfecciones. Tenía el pelo, los ojos, el cuerpo y la sonrisa que siempre había querido.

Incluso, con el tiempo, le salieron colmillos.

En su mundo, solía caminar por un oscuro camino con una estética y un gusto meramente decimonónicos. Siempre estaba atardeciendo, con la luna entrando en acción como si de un cuadro de Friedrich se tratase. Un acantilado al fondo y un castillo medio en ruinas enmarcaban la escena. Las almenas estaban derruidas y los huecos donde en otro tiempo estarían las vidrieras, ahora quedaban abiertos hacia la inmensidad del bosque. Una estancia columnada abierta asomaba en un lateral del castillo, con extraños símbolos ornamentales, trabajados en basto hierro pero con una delicadeza sólo a la altura del alabastro. Un manto de estrellas y rosas silvestres cubrían cielo y tierra rematando ese onírico lugar.

Algunas noches, en vez de caminar, se iba a las ruinas del castillo, a un sótano que aún permanecía cubierto. A él se accedía por una interminable escalera de piedra hasta llegar a una habitación lúgubre, bañada con la luz de unas velas situadas en unos antiquísimos candelabros. Terciopelo rojo y madera negra adornaban tan exquisita estancia. Y libros, montañas de libros.

Aquel era el mundo que ella había creado a su antojo, donde sus gustos, su estética, sus aficiones y hasta sus manías se plasmaban a la perfección en aquella otra realidad.

Pero una noche algo cambió.

Mientras paseaba por el camino del atardecer, pudo divisar al fondo, en el castillo, a una figura masculina con una capa ondeando al viento. ¿Quién era aquel ser? Maya no había creado a nadie más que a ella misma, al menos de un modo consciente (o eso creía).
La joven comenzó a correr a través del bosque cuando de pronto fue consciente de que era un sueño, que podía volar... Como un rayo en mitad de la noche llegó veloz al castillo para descubrir que la silueta divisada segundos atrás había desaparecido sin dejar rastro alguno.

Las noches se sucedieron, y misteriosamente él aparecía en sus sueños, en su mundo perfecto, y desaparecía del mismo modo, sin dar información. Cada vez su presencia era más frecuente,  más deseada por parte de ambos. Se conocían sin haber mediado palabra.

Poco a poco y con el paso del tiempo, comenzaron a acercarse mutuamente hasta llegar a hablarse, a tener una extraña pero bonita relación. Descubrieron que en el mundo de los sueños, cuando dos personas crean paisajes idénticos de iguales características tanto estéticas como sentimentales, automáticamente el destino, los hados, o quien quiera que sea, les unen como si de un vano y absurdo intento de ahorrar espacio se tratase. Ambos se introducen inconsciente el uno en el sueño del otro, a veces con recuerdos, a veces no. Ellos paso a paso fueron recuperando esa memoria perdida. Y se encontraban a gusto en ambos y equidistantes mundos.

Es curioso cómo nuestros protagonistas se reflejan el uno en el otro como dos gotas de agua, exactos, perfectos y complementarios. Estaba escrito que aquello debía suceder, aunque ni ellos mismos lo supiesen.

En lo sucesivo se descubrieron como almas gemelas, a pesar de que ninguno de ellos creía en esas sandeces. Eran felices, se amaban y todo era perfecto... tan solo había un problema:

El momento de despertar.

Cada mañana ambos se hundían en sus tristes vidas, volvían a su repugnante rutina y sólo deseaban que llegase la noche para volver a su hogar de ensueño. Sus mitades nocturnas conversaban sobre qué hacer para estar juntos en ambos sitios, y decidieron intentar buscarse en el mundo real estando despiertos.

Pero la búsqueda no tuvo éxito. Era imposible dado que en sueños no eran capaces de recordar direcciones, números de teléfono, nombres reales o cualquier dato que les sirviera para ponerse en contacto. Cuando despertaban no tenían ninguna información real ni útil el uno del otro.

Tan sólo un rostro, una silueta en la noche.

Así que una tarde cualquiera, ante la desesperación de sus vidas diurnas, ambos decidieron por separado (aunque estaban inexorablemente juntos) eliminar esa parte incómoda de sus vidas llamada realidad y sumirse para siempre en una noche eterna, en un sueño infinito, mudándose así definitivamente y en un camino sin retorno al mundo de los sueños para no volver a despertarse nunca jamás.

Y he aquí que yacen, en sendas camas, con la brisa del otoño agitando las cortinas y la luz de la luna tiñiendo de plata la escena, sobre un lecho de somníferos. Alzando el vuelo juntos hacia un destino común, cogidos de la mano volando hacia un viaje infinito.

El viaje de sus vidas, el viaje de sus sueños.





28 de mayo de 2012

La Rosa de los Vientos

    Cuenta la leyenda que una noche de luna llena a los pies de la Alhambra, una mujer cambió su destino desafiando a la tradición y a los ancestros. La historia que estamos a punto de desvelaros trata de Calipso y su lucha por alcanzar su sueño antes siquiera de saber cual era éste.

Calipso era una mujer de raza gitana, nacida en Las Alpujarras, en plena Sierra Granadina. Sus ojos eran grandes y rasgados, verdes como los campos de olivo de Andalucía, su mirada era infinita, profunda y eterna, y su pelo negro y ensortijado como el azabache más puro.
La escena que vamos a relatar comienza con nuestra protagonista en el Paseo de los Tristes... era una cálida noche de verano y la luna reinaba en el cielo bañando a La Alhambra de unos destellos plateados y dotándola de una magia y encanto especiales. Nuestra gitana bailaba descalza con los sones de una guitarra y una voz rota con sabores añejos. La música que sonaba era tan antigua como el mundo mismo, era el llanto de un pueblo reprimido y castigado durante siglos. Calipso se movía al son del viento, moviendo la cintura y las caderas como pocas personas eran capaces de hacerlo... su ceño se fruncía y sus manos se agitaban Sintiendo cada nota y cada silencio.

Esta estampa sin duda causaba curiosidad en las gentes que por allí pasaban, y se paraban uno tras otro a contemplar tan bello espectáculo. En un determinado momento, un grupo de soldados que paseaban en su día de descanso pasaron por allí y se pararon a ver qué sucedía, a qué venía ese revuelo.
Entre ellos estaba Manuel, un muchacho de apenas 18 años, proveniente de un pequeño pueblo marinero de Cádiz rodeado de marismas. Su propio país le había arrebatado su vida para servir en una guerra que no era suya. Pero allí estaba, haciéndolo lo mejor que podía y que sabía.

Y de pronto sus ojos se clavaron en ella. Y ella dejó de bailar.

La gitana paró con los últimos acordes de la guitarra y alzó la vista sobre la multitud para aterrizar en los ojos negros y profundos de Manuel. Con la respiración agitada aún por la danza, salió del círculo con la excusa de ir a refrescarse con un poco de agua. Sin saber muy bien cómo y por qué, él corrió detrás de ella a una fuente cercana. El sol se posaba para dormir en el perfil majestuoso de La Alhambra y el viento susurraba tenues voces de las conquistas de un pasado musulmán, contando leyendas de cuando Al-Andalus era el centro del mundo.
- Hola gitana guapa, me gustaría tener el privilegio de saber tu nombre para agradecerle a la Virgen de Palomares que estés en este mundo - le inquirió Manuel con cierta timidez.
- ¿Y qué más te da saberlo? ¿Acaso una Rosa con otro nombre no exhalaría el mismo perfume? - contestó ella con un tono hermosamente salvaje, propio de su raza.
- ¡Rosa! Pobrecita mi novia Rosa, hace ya casi dos años que no la veo - pensó él para sus adentros, rememorando amores olvidados y tiempos más felices. - Tu eres más bonita que las flores del campo, y más delicada al mismo tiempo que todas ellas. Sin duda, sabiendo tu nombre conoceré todos los misterios del cielo - susurró él acercándose levemente al oído de la gitana.
- Está bien soldado. Si yo te digo mi nombre, ¿tú qué me das a cambio? - respondió Calipso mientras miraba fijamente el colgante que llevaba al cuello Manuel: una Rosa de los Vientos que según parecía, era de generaciones pasadas... de un valor monetario y sentimental incalculable.
- ¿Mi colgante? ¿Quieres mi Rosa de los Vientos? Es un regalo muy especial, no puedo, no es posible, no pue... - los ojos de la gitana se clavaron en los suyos, haciendo ver otros mundos, otros tiempos y otras historias... Y olvidándose de lo que quería decirle, en un gesto involuntario, se quitó el colgante y se lo dio sin rechistar para descubrir con sorpresa al hacerlo lo que acaba de hacer.
- Calipso, ese es mi nombre - exhaló la gitana con una voz más propia de los árboles con el viento que de un ser humano.
Mientras, en el círculo, la gente volvía a animarse al volver a escuchar los soniquetes y las voces del grupo, que reanudó la actuación improvisada. Y La Alhambra y la Luna bailaron juntas a las orillas del río...

Calipso cogió al soldado de la mano y lo llevó bosque adentro. La Rosa de los Vientos colgaba ahora del cuello de la gitana, y así tendría que ser hasta que llegase su hora final. Allí hablaron durante horas hasta que llegó el primer beso... y así, con los árboles destellando la plata de la luna, las estrellas guiñando sus ojos y el suave ulular del río, se entregaron el uno al otro en una danza sin final hasta la llegada de la aurora.

Desde aquel momento, el soldado no volvió a ser dueño de su alma. Antes su espíritu pertenecía al mar y a las marismas, y ahora pertenecería a la Diosa que los regentaba a ambos: a la gitana Calipso.



El tiempo inexorable pasó, las estaciones cambiaron y el río se congeló. Volvieron a florecer los campos y cayeron de nuevo las hojas... hasta que una tarde, Calipso volvió al Paseo de los Tristes.

De pronto sintió un peso en su cuello. Era Soledad, el fruto de aquella noche de verano con Manuel, de la que hacía ya un año y medio. Soledad era una preciosa niña, rubia como las candelas y con una mirada viva pero negra, como los ojos de su padre. El peso que sintió Calipso no era más que la niña tirando de su colgante, de la Rosa de los Vientos que el soldado le dio (o ella le arrebató) aquella noche. ¿O tal vez era algo más? La gitana echó la vista atrás y recordó los tiempos de desdicha y deshonra que llegaron tras la partida de Manuel. Su familia la repudió por quedarse en cinta de un hombre desconocido, de fuera de su clan, y que encima ni sabía de dichos acontecimientos. Calipso estaba sola con su hija, repudiada, triste y amargada, y entonces entendió que la niña le estaba intentando abrir los ojos.

Había llegado el momento de ponerse en marcha e ir a buscar esos ojos negros...

A la mañana siguiente Calipso cogió a su hija tras hacer una pequeña maleta con sus pertenencias y dejó Granada poniendo rumbo a aquel pueblito gaditano, a su destino, a su futuro, enfrentándolo con la cabeza bien alta, fuera cual fuese la respuesta.

Pero aquella mañana el cielo de Cádiz era gris y hacía un viento muy incómodo. Rosa corría como cada día hacía el monte más alto del pueblo para esperar a que llegara su novio de la guerra. Llevaba tres años subiendo allí cada mañana, y tres años también volviendo sola y rota por dentro tras esperar todo el día junto a aquel árbol y junto a aquel rosal.
- Virgencita, tráemelo de vuelta sano y salvo. Esta angustia me está matando. Y protégele con mi Rosa de los Vientos, enséñale el rumbo a casa, ayúdale a volver conmigo para que nos podamos casar y formar una familia - gritó Rosa mirando desesperada al cielo hostil.
Bajó la vista al suelo con lágrimas en los ojos y de pronto, el milagro ocurrió. A lo lejos, una silueta andaba con paso cansado pero decidido por el camino de entrada al pueblo. ¡Era él! ¡Manuel había vuelto a casa! Rosa corrió ladera abajo como un potro desbocado hasta caer bruscamente en los brazos de su soldado.

Al abrazarlo sintió un quejido frío y seco que le rasgó el alma en dos.

Rosa le abrazaba, le besaba las manos, los pies, la cara... era como un sueño del que no quería despertar. Le miraba a los ojos pero no encontraba aquel muchacho que marchó hacia la guerra hacía ahora tres años. Lo achacó a los horrores que habría tenido que ver durante ese tiempo, sin saber que aquella idea estaba muy lejos de la realidad.
- Rosa, cuánto me alegro de verte, pero estoy muy cansado y necesito ver a mi familia, a mis padres y a mis hermanos. Vayámonos para el pueblo y mañana te cuento todas mis aventuras, algunas dulces y otras muy amargas, que he vivido en esta pesadilla que ha sido la guerra - dijo él.
Ella asintió con la cabeza mientras reparaba una ausencia en el pecho de su novio: el colgante no estaba. Aún así prefirió no preguntar. - Lo habrá perdido en la guerra, no quiero recordarle ninguna atrocidad pasada - pensó Rosa para sí misma.

Durante dos días y dos noches, Manuel relató a su novia y a su familia todas las barbaridades que había vivido... A kilómetros de distancia, Calipso avanzaba con paso seguro por la geografía andaluza camino de un encuentro que Manuel ni siquiera era capaz de imaginar.

La gitana cruzó montañas y ríos, de día y de noche, a pie y a caballo, hasta que al tercer día, llegó a las marismas. Había encontrado el pueblo de Manuel. Preguntó a los vecinos hasta encontrar su casa, y se plantó delante de la puerta, con su hija Soledad en brazos envuelta en un pañuelo. Estaba petrificada. No es fácil darle la cara a tu destino.

Pero de repente escuchó la voz de una señora desde dentro de la casa - ¿Quién anda ahí? - dijo.
Aterrorizada por el miedo, Calipso dio un paso al frente entrando de lleno en la casa para encontrarse con una mujer que la miraba como si supiera todo lo que a continuación iba a pasar.
- Siéntate y cuéntame quién eres, y a qué vienes - dijo la mujer con un tono templado y profundo.
La gitana rompió a llorar, la mujer se acercó y le acarició la espalda para tranquilizarla, y cuando lo hubo hecho, Calipso le contó toda la historia. Aquella mujer era la madre de Manuel, la abuela de Soledad.
- Desde el primer momento que mi hijo pisó esta casa, supe que no era el mismo que se había ido hace tres años. Todos lo achacaban a la guerra, pero yo sabía que no era así... sus ojos reflejaban otros ojos y no eran los de Rosa. Su colgante ya no estaba y él estaba preso de un secreto incapaz de desvelar: un secreto de amor. Ahora sé que ese amor eres tú. Y además vienes con un regalo de niña en tu regazo.
Vienes con tu Soledad para enfrentarte a tu destino.

La gitana estaba más aliviada al ver la comprensión de aquella mujer, y juntas urdieron un plan para cuando llegara Manuel.
Pero el destino, que a veces es muy malévolo, hizo que aquella tarde Manuel no volviese a casa solo, sino con su novia Rosa. Entraron en la casa, y fue entonces cuando el soldado vio a la niña...
- Mamá, ¿quién es esta niña? Es la niña más bonita que he visto en mi vida. ¡Qué ojos! - pronunció Manuel inocente.
- Sus ojos te son familiares, ¿verdad? ¿Acaso no los has visto antes? - contestó su madre mientras giraba la cabeza para llamar a la gitana y que ésta saliese de la habitación donde se había escondido.
- ¡Calipso! - gritó incrédulo el soldado sin dar crédito a lo que estaba viendo.
Los segundos pasaron como si fueran horas. Manuel entendió lo que estaba pasando y en cierto modo se alegró, pero Rosa estaba allí, cogida aún de su mano. Entonces la miró, sin atrever a pronunciar palabra.
Rosa al principio no entendía nada, hasta que se fijó en la escena y la analizó rápidamente en su cabeza. Vio como aquella bruja gitana, de cuyo cuello colgaba la Rosa de los Vientos, miraba a su novio, vio los ojos chispeantes de Manuel, aquellos que un día la miraban a ella y que ahora miraban a otra. Vio a la niña, al fruto y confirmación de todo aquello... y entonces soltó la mano del soldado, y dio un paso atrás rompiendo a llorar desconsoladamente.

Tras unos instantes eternos, Rosa carraspeó y dijo con un fino hilo de voz:
- Los caminos del Señor son inescrutables. Aquella mañana que te vi partir hace tres años supe que nunca volverías a ser mío. Creía que sería la guerra la que te arrebataría de mis brazos, pero no ha sido así. De todos modos, no me equivoqué. Esta semana cuando te vi volver, quise creer que estaba equivocada, que la vida me había dado una segunda oportunidad, que el destino te había devuelto a mí y que seríamos felices juntos. Hasta que vi tu cara y miré tus ojos... ya no quedaba nada de aquel que marchó - dijo Rosa, haciendo una pausa acto seguido que pareció toda una vida - No puedo luchar contra esto. Ella te pertenece y tú le perteneces a ella. Vuestro amor ha dado fruto y ahora tenéis que andar juntos hacia la eternidad. No quiero que digáis ni una sola palabra. Ahora me voy a marchar y nunca más volveréis a saber de mí.
Rosa se dio la vuelta cabizbaja, con los ojos inundados de lágrimas, y salió de la casa. Anduvo y anduvo hasta salir del pueblo. Llegó al árbol del monte más alto del pueblo donde un día imploraba a la Virgen por su amado, llegó al rosal que había bajo sus ramas y allí se durmió para nunca más despertar. Era una cálida noche de verano, la luna bañaba el monte y teñía el pueblo de plata...

   Cuenta la leyenda que cada año, en el aniversario de ese día, aquel rosal amanece cubierto de gotas de rocío, que no son más que las lágrimas que Rosa vertió por su amado hasta desvanecerse en la noche de los tiempos.




-.Basado en hechos reales.-

25 de febrero de 2012

Divina Dita


Atrevida, pícara e increíblemente sexy.
La Reina del Burlesque sale de su copa de Martini y se desnuda para nosotros.
Regresamos al dorado Glamour de los años 40.

Su imagen dio la vuelta al mundo por haber sido la Señora del irreverente Marilyn Manson, pero sin embargo, Dita Von Teese (su nombre real es Heather Renée Sweet, Rochester, EEUU, 1972) es una verdadera joya. Bailarina, actriz, modelo y adicta a la moda, ha venido para deslumbrarnos a todos, y a ELLE.

Entramos en la habitación. Con una luz estudiadamente perfecta, Dita está sentada en un sofá púrpura estilo Luis XV, con las piernas sutilmente cruzadas y una copa de champán entre sus manos. Nos sonríe de un modo pícaro invitándonos a pasar. Se levanta para saludarnos y entonces entendemos el revuelo que hay formado sobre su persona: Su escaso 1,60 de estatura, su tez blanca y su pelo azabache hacen que luzca como una frágil muñeca de porcelana. Más que una bailarina, parece una Diosa. La elegancia se ha posado en este pequeño cuerpo, cubierto con un LBD de Louis Vuiton y unos salones de YSL. Comenzamos.

¿Cómo nace el personaje de Dita Von Teese?
Siempre he tenido claro lo que me gusta y lo que quería llegar a ser. Empecé con 19 años como bailarina de striptease, y podría haber sido “una más” pero lo que creo que me hizo diferente fue mi estética: admiradora de Betty Grable, empecé desde temprana edad a coleccionar joyas y objetos vintage, principalmente lencería y corsés. Sentía fascinación por el cine de los años 40 y mi aspecto era consecuente con estos gustos. Realmente no me considero un “personaje” en el sentido artificial del término, dado que soy tal como me veis durante todo el día. Tengo la suerte de amar lo que hago y lo plasmo en mi forma de ser y de vestir.

¿Por qué el Burlesque? ¿Se considera, como muchos la denominan, la Reina de este género?
Es halagador que la gente me considere como tal, aunque sí que creo que con mis espectáculos, descarados e innovadores, he arrojado luz a este mundo, tan de moda por fortuna actualmente. Salir de una gigantesca copa de Martini ha revolucionado este género, renovándolo sin perder su esencia. El Burlesque es mi pasión y mi vida, en él hay danza,  joyas y plumas, champán, diversión y sensualidad... no podría hacer otra cosa en esta vida. (Sonríe entusiasmada)

Pero el champán y la diversión pasan factura... ¿cuales son sus trucos para lucir tan bien?
Jajaja (ríe animosamente). Es cierto, los excesos en un trabajo como este donde mi cuerpo es mi escaparate son inaceptables. Creo que para todo hay una justa medida. Me gusta arreglarme para mis shows con tiempo, música y una copa de champán... es mi ritual para sentirme bien. En cuanto a mis secretos, realmente son de sobra conocidos. No fumo, no tomo el sol y como decíamos, no cometo excesos. No busco cremas milagrosas, simplemente intento cuidarme y hacer ejercicio.

Antes ha mencionado las joyas y las plumas de sus shows... Se ha convertido en musa e icono para muchos diseñadores, sin hablar de sus citas ineludibles con las pasarelas internacionales.
Sí, definitivamente la moda y la estética ocupan una parte amplia en mi vida. Disfruto yendo a París  en la Semana de la Moda, cogiendo ideas para mis espectáculos y viceversa... es decir: disfruto viendo la moda y la moda disfruta viéndome a mí. Marcas como MAC, Cointreau, Vivienne Westwood o Wonderbra me han ofrecido trabajar con ellos, lo cual es un placer, cuanto más si los resultados son tan buenos como los que hemos conseguido juntos.

Usted es la musa de Christian Louboutin pero, ¿Cuales son sus diseñadores estrella?
Adoro a John Galiano y los trabajos que realizó para Dior. También me entusiasman Rouland Mouret, Prada, o Thierry Mugler, creador de vestidos para auténticas pin-up como yo. Y bueno, no puedo vivir sin mis Louboutin... ¡adoro esas suelas rojas!

6 de febrero de 2012

R.I.P.A.

Querido primo:

Hoy, 6 de febrero, hace una semana que nos dejaste. Todo ha sido demasiado prematuro y repentino... aún no podemos creer que ya no estés aquí.
Nunca antes había visto tanto sufrimiento como el de estos días: la incredulidad en el rostro de tus hermanos, las lágrimas de tus tíos, o el Dolor con mayúsculas de tu madre son gestos que me acompañarán siempre. Hemos sido muchos los que fuimos a velarte, atónitos ante lo que teníamos ante nosotros. Hasta este clima tan amable que tenemos en Andalucía se ha vuelto frío y desagradable, como si se hubiese puesto de luto por tu ausencia.

Ciertamente hacía mucho tiempo que no te veía, pero no por ello he sentido menos tu pérdida. Eres mi primo hermano y la misma sangre baña nuestras venas. Aún puedo recordar cuando era pequeña e iba con mis padres a veros a casa de la Tita Pepa... recuerdo cómo salías de tu cuarto y te sentabas con nosotros a escucharnos. Esa es la parte buena (si es que la hay) de todo esto, que mientras vivas en nuestro recuerdo, seguirás con nosotros.

Algunos culpan de lo acontecido a Dios, otros aseguran que la vida es injusta cuando se llevan a personas buenas como tú, y otros acusan al destino y a su inexorabilidad malévola. Pero si algo he aprendido en estos años de viajar por el mundo y husmear en los textos antiguos es que lo que llamamos muerte es tan sólo el principio de todo. Hay mil acepciones para esto: tanto si acudes al Cielo Cristiano, a La Otra Vida Egipcia, o al Hades Griego, todos coinciden en que lo que llamamos vida no es más que una antesala para lo realmente bueno, lo que está por venir. No digo con esto que los antiguos tuvieran razón, pero sí que creo en lo que siento. ¿Y sabes que? Ahora te siento junto a nosotros. Es más, casi puedo atisbar a ver su silueta al lado de tu madre, susurrándole al oído que estás bien, que no derrame más lagrimas por ti y que siga adelante. Te veo junto a tus hermanos, sonriéndoles y dándoles ánimos, insistiendo en que tienen mucho por lo que luchar. Estoy segura que ahora estás en un lugar mejor, sin sufrimiento, aunque no sepa explicar con certeza cual es ese lugar. Seguro que estás con tu padre, y con nuestros abuelos José y Juana. Me amparo en la creencia de que nada ocurre porque sí, que para todo hay un motivo, una explicación. Y aunque parece que los 42 años es una edad prematura para abandonar este mundo, sin duda es porque ya viviste todo lo que tenías que vivir, y porque ahora has pasado a un sitio maravillosamente plácido. Ese es nuestro mayor consuelo.

Por último, quería decirte que estos días tu familia y tus amigos han demostrado lo mucho que te querían, te han acompañado en los últimos momentos y te han arropado, a ti, a tu madre y a tus hermanos. Y esto sin duda es lo mejor de todo, ya que mientras ellos te recuerden no nos habrás dejado sino que seguirás vivo en ese rinconcito de nuestros corazones. Aún así, quiero que sepas que te echaremos mucho de menos aunque nos quede el consuelo de Sentirte, ahora más que nunca, a nuestro lado, cuidándonos y velando por nosotros. Tu madre y tus hermanos cuidaron de ti este tiempo atrás, ahora es el momento en el que las tornas se cambian y eres tú el que cuidarás de ellos.

Te llevaremos siempre con nosotros. Descansa en paz.

Tu prima Miriam.

16 de enero de 2012

La Lucha II

   Las garras del licántropo presionaban el cuello de Mina con una fuerza rara vez vista con anterioridad, lo cual hacía que nuestra protagonista se fuese quedando sin respiración y entrando en una especie de trance onírico, provocado tal vez por la falta de oxígeno.
En este trance volvió al epicentro de su locura, al corazón de sus recuerdos... pero en esta ocasión, algo había cambiado.
- ¿Se puede saber qué demonios estás haciendo? - le susurró Nuth saliendo de entre la maleza oscura del bosque. - No puedes rendirte ahora, ya has andado un camino muy largo y aun te queda mucho por recorrer, estás en la flor de la vida... ¿vas a tirar la toalla como si estuvieses en el ocaso de tu existencia? Mientras yo esté aquí, desde luego que no.
Nuth era una de las personas más especiales para Mina, era aquella que la había visto nacer, aquella que la alimentó y enseñó la cara amable de las cosas, aquella con la que había compartido mil y una aventuras...

Nuth era su Guía, era el ama de llaves de sus recuerdos.

Era un ser pequeño, pizpireto y adorable. Siempre llevaba una mochila llena de recuerdos, algunos menos bellos que otros, pero tenía un arma muy poderosa, que la convertía en un ser mágico y letal:

Su Sonrisa.

Desde pequeña Mina había confiado en ella, había seguido sus consejos y cuentan que a veces no necesitaban ni hablarse, puesto que con una sonrisa de Nuth, Mina podía comprenderlo todo.
- Nuth, ya no puedo más... no tengo fuerzas, ya no puedo seguir luchando. Estoy exhausta - replicó Mina con un hilo de voz. - Quiero volver a casa.

- Me dan igual tus pataleos y tus llantos - inquirió Nuth. - Sabes muy bien quién eres y cual es tu misión. Yo seria feliz de verte de nuevo con nosotros, poder lavar tus heridas y enjugar tus lágrimas... pero ese no es tu destino. No voy a aceptar excusas, no puedo permitir que te rindas, así que respira hondo, toma impulso, levántate y mira a los ojos de la bestia. Tu puedes vencerle, y sé que lo harás.
Está escrito en las estrellas.

Mina miró a Nuth, entró en el fondo de sus ojos y vio que todo aquello que le decía era cierto... no podía rendirse ahora, no podía echarse atrás...

A través de esos ojos Mina recuperó la conciencia y volvió a la realidad; pero esta vez no era la pobre desvalida de hacía unas horas... ahora su mirada era más poderosa, reflejaba el fuego que ardía de nuevo en sus entrañas. Sus colmillos destellaban, afilados como espadas, y sus garras crecían cada vez más, volviéndose sables asesinos.

Tomó impulsó y dio un manotazo al rostro del licántropo, el cual se sorprendió porque ya casi la daba por muerta. Se puso en pie, le miró fijamente y le dijo:
- Prepárate a morir... tengo que seguir mi camino y no puedo entretenerme con nimiedades como tú.
Nuestra valquiria-vampiro pegó un salto sobre la bestia, clavó sus garras en los hombros y atravesó su cuello con sus colmillos, succionando hasta la última gota de sangre de tan esperpéntico animal.

Mina se encontraba de nuevo en pie, había saciado su sed, matado a la bestia, y recuperado las ganas de seguir avanzando, pero... ¿cual sería su próximo destino?

El camino no había hecho más que empezar y ella estaba entusiasmada.

14 de diciembre de 2011

Crónica de As Light Dies en Tarraco Nova

       Cuando estás en el ojo del huracán eres incapaz de pensar con claridad o de tener una perspectiva correcta de las cosas. En aquellos días, yo me encontraba en el jodido epicentro: sin curro, sin casa y sin saber qué hacer con mi vida, necesitaba salir de todo aquello, necesitaba desconectar...

La idea de un fin de semana con mis amigos en la otra punta del país y un buen concierto de metal extremo era sin duda la idea más brillante que me habían ofrecido desde hacía semanas... así que, allí que me fui dejando atrás una vida embalada en cajas y una vuelta a mi ciudad natal después de diez años de ausencia.
Aunque solo fuese una escapada de tres días, era algo que necesitaba más que respirar.

En la corta o dilatada experiencia que tengo (según el visor que se aplique) ha pasado mucha gente por mi vida... unos se quedan, otros se van, pero todos me han hecho aprender algo. Los amigos son un pilar muy importante para mí, son como “familia escogida”, y recurrir a ellos aunque a día de hoy nos separen cientos de kilómetros es lo que a veces me ayuda a seguir adelante, a tomar decisiones cruciales. No hace falta que hable de mis problemas con ellos, el simple hecho de volver a estar juntos hace que todo se vuelva nítido y sencillo, aunque los problemas sigan estando ahí...

Hay dos personas en concreto que están lejos y a las cuales quiero con toda mi alma porque han estado ahí en los momentos más difíciles de mi existencia, me han dado dos hostias en el preciso instante en que las necesitaba y me han hecho espabilar, me han sacado de la mierda a base de sonrisas. Esas dos personas eran a las que vería en este mini-viaje, por lo que no parpadeé ni un segundo a la hora de tomar la decisión de ir. Todo ello aderezado con siete excelentes personas más que harían todo aquello más divertido si cabe... y de fondo, una banda sonora con música de verdad, los inquietantes y eclécticos As Light Dies dejándonos boquiabiertos...

Tras un largo camino en autobús, hice una parada para tomar aliento (muy frío por cierto) en la capital. Allí me esperaba una noche Perfecta donde los tres recordamos lo bien que lo pasábamos juntos, comiendo basura y haciendo el imbécil frente a nuestro amigo youtube.

Mientras escribo esto y lo recuerdo no puedo evitar pensar: Joder, cuánto los echo de menos!

En fin, a la mañana siguiente nos levantamos y pusimos rumbo a Tarraco Nova... 

El primer coche, el Divertijeep, había sido ocupado por tres monstruos de las galletas: Morfeo, un tío grande en todos los sentidos y con un sentido del humor acojonante y una voz oscura y brutal. Maqueda, un ser equivocado de siglo, el cual afronta con humor esta absurda existencia. Y Jaime... qué decir de Haime a parte de que siempre tiene “lah manoh llena de papah”; es inteligente, práctico y está como una regadera.

El segundo coche, el Aburrijeep, donde íbamos cuatro: Raúl, uno de los que menos conozco pero que es de las típicas personas que te suelta una barbaridad genial cuando nadie lo espera. Cris, que es un poco la mamá de todos, dulce y amable donde las haya. Óscar, un genio mitad brillantez mitad locura, extraño, irreverente y entrañable a la vez (parece imposible que una persona sola pueda encerrar estas características pero creedme, es posible y real) Y bueno, ésta que escribe es la cuarta integrante de ese segundo coche.

Y el tercer coche, el Depravajeep, con salida desde Guadalajara con tres componentes: Maganto, una enciclopedia musical con patas, que a pesar de su corta edad es más adulto y coherente que muchos de treinta, y por supuesto un psicópata en potencia. Yuste, un ser aparentemente callado pero que si le observas puedes ver cómo su mente retorcida planea maldades indescriptibles, pero buen  tío en general. Y Jesús, también conocido como Strudle, el ser más infamemente trillado del universo, cuya genialidad y maestría no alcanzan límites.

Una vez concluída la presentación de las Dramatis Personae, me dispongo a contaros la Conquista a Tarraco Nova, cuya incursión de las tropas del EDD (Equipo de Demolición) se hizo presente el sábado 3 de diciembre de 2011.

El día transcurrió sin incidentes, a pesar de unas “leves” bromillas del destino como que tuviésemos que pagar autopista como si fuésemos por un carril de oro, que deseáramos con toda nuestra alma comer Calcots y que nos dijeran que teníamos que esperar hasta febrero, que el batería del grupo y su novia (muy majos por cierto) fuesen billetes de 500 euros (sabíamos que estaban pero nadie los vio) y que una señora, catalana de pura cepa, nos mirase con cara agria al vernos entrar al hostal cuando era ella la que estaba misteriosamente rodeada de gatos... en definitiva, un largo etcétera (tampoco pretenderéis que cuente todo segundo a segundo, no?)

Lo divertido, ecléctico e inquietante llegó sin duda con la puesta de sol: La Sala Zero era el lugar escogido por As Light Dies para hacer temblar los cimientos de las ruinas romanas de la ciudad y sumir al público en una espiral de sensaciones que iban desde el asco, la indignación, la angustia y la emoción... En el cartel de aquella noche, la banda de Ecléctic Mineral estaba arropada por dos grupos más, ambos catalanes: Maleit y Foscor.

Los primeros en subir al escenario fueron Maleit, tres tíos de largas y cuidadas cabelleras que hacían un metal muy cuidado, pesado de guitarras pero ligero en cuanto a melodía, e incluso con partes armónicas. La voz del cantante era una maravilla, tanto en su parte gutural, con fuerza y templanza, como en su parte melódica, de una suavidad y perfección asombrosas... ésto último fue sin duda lo que más me impresionó. Todo ello aderezado con unos fondos visuales muy efectistas de ruinas con el logotipo del grupo, enrevesado e ilegible, típico del Black Metal.

Tras una breve pausa, ahí que salieron los caballeros andantes del eclecticismo musical más descolocante: As Light Dies irrumpían en el escenario tras una cortina de bengalas encendidas. Parejo a la batería, Yuste al bajo, Maqueda al teclado, Jesús al violín y Óscar a la voz y guitarra... éstos chicos aparentemente normales y sencillos se convierten en bestias pardas, gobernantes del mal rollo al subir a un escenario...

La introducción audiovisual nos dejó patidifusos: una voz en off impersonal nos invitaba a seguir el concierto muy de cerca, advirtiendo a los más aprensivos sobre la dureza de las imágenes que se mostrarían a lo largo del mismo. Marchas marciales, bombas, caos, destrucción, todo un ambiente con tintes Nazis que incomodaba a más de uno, aunque no lo expresasen.
Y de esto se trata: As Light Dies busca despertar sentimientos encontrados al público; quieren provocar, molestar e incluso indignar con atrocidades provocadas por seres humanos iguales que nosotros. Quieren hacernos ver que esas atrocidades forman parte de nosotros mismos y que pueden aflorar en cualquier momento. Nos enseñan lo más despreciable de la humanidad a través de la música. Ponen banda sonora a los terrores más primitivos del hombre.

Tras este épico comienzo y con el recién ganado recelo de muchos de los asistentes, la banda madrileña comenzó a hacer Música. Durante una hora aproximada nos deleitarían con cuatro de los nuevos temas de su tercer disco “Love Album vol. I” y un tema procedente de su disco anterior: “Ars Subtilior from within the cage”.

Orpheus Mourning abrió fuego ante un público un tanto escéptico a la par que intrigado. Yo apenas pude disfrutar del tema dado que teníamos delante a un fotógrafo rastafari alucinando en colores con el potente directo de Óscar y sus chicos y apenas me permitía concentrarme... sólo veía rastas girando el círculos. Hasta que de pronto una melodía familiar comenzó a sonar casi al final de la canción: “Forget your troubles, come on, get happy...” las palabras de Judy Garland resonaban por toda la sala mientras mi corazón saltaba de alegría; ¡Dios, cómo necesitaba oír eso!

El siguiente audiovisual dio paso al segundo tema, Together as One, una canción desgarradora (perfectamente expresada en los gestos del cantante), donde el protagonista pierde a su familia y solo piensa en reunirse con ellos. El tema refleja toda esa desesperación, todo ese sinsentido que tiene que suponer perder todo cuanto amas y el deseo irrefrenable de querer recuperarlo a cualquier precio...

El tercer corte nos trajo, a mi modo de ver, la parte más sucia y desagradable del concierto. Un audiovisual jodidamente macabro pero real, dio paso a The disinherited, el tema procedente del disco anterior. Es un tema complejo y complicado, descriptor de la inmundicia del ser humano, y una vez más de las atrocidades cometidas a través de los siglos. Todo ello envuelto maravillosamente en un ambiente musical perverso, oscuro, con un violín frenético y un punto más de locura por parte de los componentes del grupo, que poco a poco van disparatándose más, entrando en una especie de trance y haciendo al público partícipe de ello, como si estuviésemos asistiendo a un ritual chamánico un tanto peculiar.

El cuarto corte es uno de los temas más crudos, horribles y hermosos que he oído en mi vida. From the Scratch habla de una chica que es abandonada por su pareja, y que no puede soportar el hastío de vivir sin él y decide acabar con su sufrimiento, recomenzar “desde la herida”... No sé como lo hacen, pero dentro de todo ese mundo musical horripilante que crean, de pronto parece como si naciera algo sutil y delicado, algo bello que despierta sentimientos de ternura... es como si por un momento tú fueras esa chica.

Y por último, Farewell from distant shores, otro tema increíblemente delicado pero fuerte a la vez, con una energía rompedora que te transporta a las tripas mismas del protagonista de la canción, un chico rodeado por una situación parecida a la chica de From the scratch. Emotiva hasta la locura, con un ritmo frenético y un final de teclado apoteósicamente sutil, esta canción consiguió, ayudada también por la predisposición de la anterior, hacer que algo dentro de mi se moviera... el conjunto, el ambiente, y mi propia situación hicieron que este tema llegara hasta mi alma y me golpeara el corazón haciendo que las lágrimas intentaran salirse de mis ojos. Un fin de representación insuperable. Esto chicos son unos magos.

Tras esta explosión ecléctica tocaron Foscor, un grupo con muy buena reputación de altísimo nivel que le hacen ser una de las mejores bandas europeas de black metal a día de hoy. Así lo demostraron en su actuación impecable. No obstante no pudimos permanecer todos dentro de la sala durante toda su actuación porque algunos ya estábamos celebrando el mágico concierto que acabábamos de presenciar.

Ya en la calle, una botella de Jaggermaister nos esperaba para festejar la victoriosa conquista de Tarraco Nova. Las caras sonrientes de todos nosotros, orgullosos de nuestros amigos, y las caras de satisfacción por parte del grupo hicieron que entrásemos en una especie de espiral eufórica (y absurda por supuesto) donde tras horas de risas bajo la luna catalana, comenzásemos a crear el EDD o Equipo de Demolición, aunque esa amigos, como dijo alguien alguna vez, es otra historia...

¿Cómo? ¿Qué os habéis quedado con ganas de saber más? Está bien, es hora de que comiencen los “bises”...

Se qué más de uno se estará preguntando: ¿Pero qué cojones es el EDD? Y los que lo saben (porque lo presenciaron) se preguntarán ¿Por qué la tía ésta no habla del EDD? Aquí tenéis la explicación que esperabais y que deseo que esté al nivel de vuestro gusto:

El EDD o Equipo de Demolición es una célula ecléctica venida de tierras lejanas y baldías, procedentes del centro de la península ibérica y compuesta por diez personas, por llamarlas de alguna manera (de entre las cuales se incluye una servidora).

La historia surge en una habitación de hostal, entre cánticos de batman on drugs mezclados con canciones tradicionales finlandesas canturreadas siguiendo el ritmo de una flor/látigo... Hasta aquí podríamos decir que entrábamos dentro de lo “normal”, pero no: la demolición comienza con una inofensiva patada de uno de los componentes del equipo a un rollo de papel higiénico como protesta ante la negativa de poseer las llaves de su habitación, en poder por aquel entonces de su compañero de cuarto. ¿Quién de vosotros se atrevería a creer lo que os voy a contar sin haberlo visto? Pues para vuestra incredulidad os diré que ese aparentemente inofensivo rollo de papel atravesó el techo, rompiendo en pedazos una de las baldosas del mismo. Todo esto podría haber tenido un final feliz intentando arreglar los desperfectos, pero de pronto la maldad afloró desde el fondo de las entrañas de los allí presentes haciendo añicos con sus puños “de acero” la pobre losa indefensa que yacía en la cama de uno de ellos...

La risa y el cachondeo inicial vinieron acompañadas de un “¡hostia! ¡hostia! ¿ahora qué hacemos?” y evidentemente, la mejor manera de solucionar el problema iba variando según la enfermedad mental de cada uno de los allí presentes: uno de ellos optó por fustigar por su mal comportamiento a los compañeros con la flor/látigo a ritmo de canción típica finlandesa; otro optó por jugar con todas las baldosas del pasillo a “encontrar la seta del mario bross”; otro por fumarse un pitillo mientras contemplaba el panorama; otro “mejorar” las vistas de la habitación colocando un hermoso cuadro con un paisaje relajante procedente de la cabecera de la habitación del hostal; otro seguir “demoliendo” la pobre losa hasta hacerla puré... pero sin duda, LA IDEA con mayúsculas fue subir al baño público del piso de arriba y quitar una losa que sustituyera a la demolida. Pero no sólo no eran iguales, sino que además, como guinda del pastel, otra sabia mente pensante decidió poner un bonito cuadro en el lugar del crimen para disimular el hueco que dejaba la losa sustraída. El problema era que la pintura tenía la mitad de tamaño que la baldosa, y claro, quedaba ridículo...

Finalmente, tras dos o tres carreras más haciendo el ganso por los pasillos y colocando “proyectos de pinacoteca rural” en las puertas de las habitaciones de los compañeros como expresión máxima de afecto mutuo, conseguimos ir a dormir.

A la mañana siguiente aquello parecía auschwitz: trozos de baldosas en el jardín, cuadros descolocados por todo el hostal, flores despeluchadas, jarrones rotos (sí, habéis leído bien, ro-tos), pegatinas de Habitación de Fumadores y No fumadores cambiadas de sitio, y como colofón, un rico y nutritivo desayuno por parte de la dueña del hostal, cuya cara me es imposible describir...

El EDD había completado su primera misión, ya podíamos regresar a casa.


13 de noviembre de 2011

La Lucha

   Habían pasado siete horas desde el inicio de la batalla, la cual estaba siendo sanguinaria, despiadada y cruenta como pocas.
Tras un golpe casi mortal por parte del licántropo, la valquiria acababa de caer y yacía boca arriba exhausta, con la monstruosa mano de su enemigo agarrándole el cuello y no dejándola casi ni respirar, apresada contra la fría y húmeda hierba del bosque. Su cuerpo sangraba ferozmente a través de las heridas propiciadas por las garras de su contrincante, sus ojos sangraban lágrimas de desesperación. Ya no le quedaban más fuerzas para continuar con todo aquello… estaba a punto de alzar la mano y proclamarse derrotada cuando de pronto todo se congeló, los recuerdos llegaron y las imágenes comenzaron a pasar ante ella.

Tumbada en el suelo comenzó a recordar quién era y de donde procedía:

Admirada guerrera del Valhalla y descendiente de una de las estirpes vampíricas más antiguas del mundo como son los súcubos, Mina era una mujer extraña y única. El combate y el romanticismo se debatían en su interior desde el principio de su existencia. Su apariencia amable y sutil, propia de las valquirias, se complementaba con sus largos colmillos afilados, propios de su parte más oscura y cruel. Infundía en todo aquel que la miraba una dualidad que helaba hasta los tuétanos, mostrando a veces su lado dulce y otras veces su lado más sanguinario. Nadie quedaba indiferente ante Mina: por mucho que ella se escondiera, no podía refugiar su doble naturaleza… antagónicamente bella, escalofriantemente salvaje.
Instruida en el arte de la guerra, de la lucha cuerpo a cuerpo, nuestra protagonista era una diestra combatiente para cualquier adversario, ante los cuales desplegaba todo un abanico de técnicas infalibles, propia de los vikingos y del mágico mundo del Valhalla. Ésta guerrera además poseía la sutileza y elegancia en la batalla propia de los vampiros: era huidiza, veloz e impía.
La compasión no existía en su vocabulario, aunque sí en su lado más femenino, presente en la Diosa que llevaba dentro. Reconfortaba a los guerreros caídos en la batalla y realizaba con impecabilidad su labor de portadora del descanso celestial para las pobres almas errantes. Pero por otro lado, su parte de súcubo no le permitía estar en paz con ella misma. Necesitaba la sangre para subsistir, y esa dualidad la llevaba por los caminos más oscuros que la mente de cualquier ser vivo puede experimentar. Intentaba ser sutil, pero su instinto la hacía cometer verdaderas atrocidades para poder continuar con vida, para poder alimentarse de las rojas lágrimas del alma que circulaban por las venas de los mortales. Esta doble moral de la que hablamos la estaba volviendo loca; formaba parte de su naturaleza a la vez que la proporcionaba una fuerza y un afán de superación sobrehumanos. En el campo de batalla, ése era el combustible que la hacía prácticamente indestructible: la furia que yacía en su interior la propulsaba siempre a la victoria…

Un grito ensordecedor del licántropo la hizo volver al momento presente de la lucha, a ser consciente de sus heridas y de su dolor. Ese sonido proferido de las entrañas de la bestia la hizo estremecerse y la transportó nuevamente a sus recuerdos:

Mina vio cómo su vida pasaba ante sus narices: los pequeños momentos de felicidad quedaban continuamente empañados por la soledad, la angustia, la pena y el sufrimiento. ¿Realmente le compensaba todo aquello? ¿No sería mejor que el licántropo acabara de una vez con su sufrimiento? Un golpe más y todo ese dolor habría terminado… aquella idea comenzaba a no sonarle tan mal. Estaba cansada de luchar, exhausta de llevar toda una vida de combate, de batalla sin fin, albergando una esperanza que cada vez se tornaba más vana, más inútil, perdida entre tanta desidia.

¿Habría llegado el día de su retirada?

Se encontraba en tierras extrañas, en medio de la penumbra y el frío más desesperante, sin una cara conocida o la mano tendida de un amigo… y lo peor de todo es que aquello era lo único que conocía y que le era jodidamente familiar. En el fondo su alma quería ser normal, una más entre tantas otras, con una misión fácil que cumplir. Quería ser feliz con las cosas simples, quería tener una familia, unos amigos y una rutinaria vida que le diera sustento y alguna que otra pequeña satisfacción…
- No puedo engañarme de este modo. Ésta es la vida que elegí y ahora he de ser consecuente, la rutina es la peor de las muertes, es aquella que asesinaría mi alma y me cortaría la cabeza para colocarla en una bandeja de plata - pensó Mina.
Su locura cada vez iba a más. En la fracción de segundo que dura este relato, Mina exploró los lugares más recónditos de su conciencia. No quería sufrir más pero tampoco estaba dispuesta a llevar una vida mundana… ambas sendas la llevaban a un mismo valle de desesperación para su alma. No quería ser una más pero tampoco soportaba la idea de seguir luchando hasta el ocaso de sus días… y ésta duda la dañaba más que la garra de su contrincante, la cual penetraba en su piel y arañaba su vida.

¿Abrió Mina sus brazos a la muerte o agotó sus fuerzas poniéndose en pie y luchando contra la bestia? ¿Qué habrían hecho ustedes? ¿Albergan una Mina en su interior?